La historia de FRAGOLATE comienza como idea en el año 2012-2013, pero nuestra experiencia se remonta desde el año 2002 cuando inauguramos nuestra primera heladería-pastelería, trabajamos con una marca de terceros durante todos estos años, hasta que un día comenzamos a pensar en la posibilidad de independizarnos y así fue cómo comenzamos a trabajar en ese sentido, de allí nace la idea de FRAGOLATE.

FRAGOLATE viene de la descomposición de 2 palabras y que, además, son dos de los sabores más vendidos, es así como FRAGOLA, viene de la palabra italiana que se traduce como FRESA y LATE de nuestro emblema venezolano: el CHOCOLATE.

Haber hecho un cambio de marca tiene altos riesgos, sobre todo si las operaciones se van a realizar en el mismo local, porque después de tantos años con una marca ya consolidada, comenzar a desarrollar una nueva es una tarea titánica que a las grandes empresas con músculo financiero las resuelven con una agresiva campaña publicitaria, este por supuesto, no es nuestro caso. Entonces es aquí donde hay que poner en práctica la creatividad…

Heladeria Fragolate

Al instalar una producción artesanal de helados, además de tener que realizar toda la preparación necesaria para el desarrollo de recetas, sabores, etc, te da una gran ventaja que es tener la flexibilidad de desarrollar rápidamente sabores que bien pueden ser de esos que se hacen inolvidables o muchos otros que simplemente no son de la aceptación de los consumidores y pasan a tu base de datos de recetas, en todo caso ya posees una flexibilidad para hacerlo. Es así como, una vez producidos todos los sabores básicos, de esos que en ninguna heladería pueden faltar (fresa, mantecado, chocolate, ron pasas, oreo) es que comienzas a dejar volar la imaginación.


Recordamos que de esos primero sabores “diferentes” comenzamos por uno que llamamos Alfajor, a la base del helado o Fior de Latte se le agregaba arequipe y una vez que se iba extrayendo del mantecador (máquina que bate a baja temperatura la mezcla de leche, azúcar y estabilizantes y que forma el helado) se le agregaba trozos de galletas de alfajor, coco rallado y arequipe. Luego probamos con Marquesa de Chocolate, a un helado de chocolate le añadíamos crujientes galletas y sirop de chocoavellanas. ¡¡Miramar!! -Sí, ese, el de la bolsita que tanto gustaba a los más grandecitos y que unos se intercambiaban las avellanas por la almendra-, con trozos de naranja confitada, pasas y frutos secos, llegó para quedarse.

Así fuimos recorriendo y ejercitando la creatividad hasta que por obras del destino y en una conversación al margen de una entrevista, nos mencionaron a una persona que procesa pulpas con frutos del Amazonas, nosotros lo primero que nos dijimos fue: “¿Qué? ¿Frutas del Amazonas? y, ¿Es que acaso en el Amazonas hay frutas que no conocemos?” Pues la sorpresa fue mayúscula cuando supimos todo ese mundo desconocido de frutas exóticas, es así como desde entonces en nuestras conversaciones cotidianas usamos nombres como COPOAZÚ, MANACA, TÚPIRO, ARAZÁ, LIMÓN-MANDARINA y nuestra marca es reconocida como “la que hacen los helados amazónicos”.